¿Cómo te acostumbrás a no recordar eso que no querés olvidar?
Sí, me arrepiento. Sí, yo tuve la culpa. Sí, yo lo dejé ir.
Cuando conocí a Maxi jamás me hubiera imaginado que lo amaría por el resto de la vida (los últimos cinco años al menos).
Vacaciones con amigas, playa de noche, fogón, gente desconocida, buena onda. ¿Así es como se supone que conozca al hombre que me iba a cambiar los sentidos para siempre? Casualidad. Dos semanas después estaba total y completamente enamorada, sólo que no lo sabía. Seis meses después estaba llorando en silencio, mientras él se iba para siempre.
Pasaron cinco años y mil noches en que lo lloré, le imploré, me rebajé hasta el subsuelo de mis días.
Hoy puedo contar otra historia: la de una adolescente de 18 años que, de golpe, se transformó en una mujer de 24 que no sabe para dónde va su vida, pero la deja fluir. Una mujer que nunca jamás se volvió a enamorar. Que intentó, con todo su corazón, querer (apreciar al menos) a otras personas, pero no le sirvió, porque estaba (está!) tan cerrada por dentro que no puede ver más allá de sus ojos. Y así perdió, perdió tanto... No me quejo, yo así lo quise, yo decidí ESPERAR.

No hay comentarios:
Publicar un comentario