Odio comenzar algo. Sinceramente me cuesta, porque no sé hasta dónde voy a llegar sin abandonar antes. Sí, abandonar. Esa palabra que papá me repite a diario, que me repitió toda la vida: "Nunca terminás lo que empezás, dejás todo por la mitad Carla." Y tiene razón.
Quizá es el miedo a hacer lo mismo durante mucho tiempo; quizás es miedo al fracaso; quizás inseguridad. Lo cierto es que no puedo concluir algo, no puedo ponerle un fin a nada. Acá comienza la historia de mi vida, de la que empiezo a hablar hoy, pero que empezó hace muchos años atrás. La historia que nunca terminó.O nunca empezó. Miedo, parálisis, llanto, la sensación de abandonarlo todo, urgentes ganas de cambiar el curso de los días, el pasado y el presente. Hace 5 años, 8 meses y 13 días lo conocí. Hace 5 años y 2 meses no lo veo. Y ahí me quedé para siempre.
Sé que necesito dejarlo ir, pero para eso primero debo olvidar. Sí, creo que medianamente borré la forma en que se reía, pero no logro olvidar la forma en que me hacía sentir.
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