miércoles, 26 de marzo de 2014

Aún sobrevivo...

Decir Adiós no es tan fácil como uno cree.
Hay a quienes les toma días, incuso meses. Otros, como a mí, años.
Lo más complicado del adiós, es que ves a la persona cada vez más chiquita, pasa el tiempo y terminás por olvidar eso que un día amaste tanto: un rostro desconocido, una voz que es como todas las voces...

"Los caminos se bifurcan, cada uno toma una dirección pensando que al final los caminos se volverán a unir…" dicen en una película. Pero al final, los caminos no se unen, y uno queda esperando ese bendito milagro de por vida. Ese en el que encontrás de nuevo a la persona, se olvidan de todo el tiempo perdido y pasado, empiezan de cero.

Olvídalo, NUNCA llega.


Sí, hace casi 2 años abandoné esto. ¿Adivinen qué? AÚN SOBREVIVO.

     
(La canción que tantas veces me dedicaste suena para siempre en mí)

jueves, 4 de octubre de 2012

No me contesta, no le importo, no me quiere

Con el llanto desgarrador que puede provocar solamente estar escuchando "Goodbye my loveeer, goodbye my frieeeeend..." decido terminar con ésto... 
Estoy mintiendo. Mañana lo voy a volver a pensar. Voy a querer hablarle. Voy a planear un viaje a Olavarría (su ciudad) que jamás voy a hacer porque no me dan los ovarios para ir a buscarlo después de cinco años. "No me contesta, no le importo, no me quiere." Repetílo Carla: no te contesta, no le importás, no te quiere. 
La verdad es que el tiempo fue mermando el dolor, o al menos escondiéndolo bien profundo dentro de mi. Pero en el fondo sigo pensando que fue el hombre de mi vida, al que voy a esperar toda mi vida. Dicen que el primer amor nunca se olvida, yo lo estoy padeciendo. Tal vez porque fue el primero que realmente se fijó en mi, tal vez porque era demasiado especial, tal vez porque fue quien cambió totalmente mis puntos de vista. El que me enamoró. 

"Más que besarlo, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa; él me daba la mano, y eso era AMOR." (La tregua - Mario Benedetti)     



Sin querer te lastimé.

No puedo contar con los dedos la cantidad de hombres en los que busqué a Maxi. De todas formas y tamaños, de cualquier ámbito, de todos los estilos, con cualquier excusa. Me amaron y me odiaron. Me quisieron un poco, me tomaron con pinzas, no me quisieron nada... Quizás en algún momento hable sobre cada uno, hoy son historias pasadas. Historias que jamás empezaron, que terminaron sin comenzar. Pasado.

Hace casi dos meses estoy conociendo a alguien. "Amigo de", típico... ¿Por dónde empiezo? Fernando, 23 años, despachante de aduana (no sé por qué estoy contando ésto) Tiene todo lo que una desearía: es lindo, tiene futuro, me hace reír y, además, me quiere. Y cuando digo me quiere es "me quiere BIEN".
Hoy peleamos. Ni sé por qué ya. En realidad, sí sé: busqué una excusa. Siempre lo hago. Busco una excusa para pelear y no hablar por un rato, unos días. ¿Por qué? ¿Alguien le encuentra explicación a pelear porque sí y alejarme del tipo que intenta hacerme feliz? Yo sí: no lo quiero. No puedo, no me sale, no quiero hacerlo, estoy mal. Siempre pasa: vengo bien, crisis, Maxi, y caigo en la nada misma, a la que ya estoy acostumbrada.
Me esfuerzo, pero más que aprecio siento... (¿cómo decirlo?) una mezcla entre "pobre pibe" y "no quiero estar sola", sumado a "¿si no encuentro a nadie que me quiera? al menos él lo hace". Soy una mierda, ya sé. Voy a mandarle un msj, es una promesa. Mañana todo va a estar bien (estable, digamos).

 

Waiting in vain

¿Cómo te acostumbrás a no recordar eso que no querés olvidar?
Sí, me arrepiento. Sí, yo tuve la culpa. Sí, yo lo dejé ir.
Cuando conocí a Maxi jamás me hubiera imaginado que lo amaría por el resto de la vida (los últimos cinco años al menos).
Vacaciones con amigas, playa de noche, fogón, gente desconocida, buena onda. ¿Así es como se supone que conozca al hombre que me iba a cambiar los sentidos para siempre? Casualidad. Dos semanas después estaba total y completamente enamorada, sólo que no lo sabía. Seis meses después estaba llorando en silencio, mientras él se iba para siempre.
Pasaron cinco años y mil noches en que lo lloré, le imploré, me rebajé hasta el subsuelo de mis días.
Hoy puedo contar otra historia: la de una adolescente de 18 años que, de golpe, se transformó en una mujer de 24 que no sabe para dónde va su vida, pero la deja fluir. Una mujer que nunca jamás se volvió a enamorar. Que intentó, con todo su corazón, querer (apreciar al menos) a otras personas, pero no le sirvió, porque estaba (está!) tan cerrada por dentro que no puede ver más allá de sus ojos. Y así perdió, perdió tanto... No me quejo, yo así lo quise, yo decidí ESPERAR.



Repetir no es abandonar

Odio comenzar algo. Sinceramente me cuesta, porque no sé hasta dónde voy a llegar sin abandonar antes. Sí, abandonar. Esa palabra que papá me repite a diario, que me repitió toda la vida: "Nunca terminás lo que empezás, dejás todo por la mitad Carla." Y tiene razón.
Quizá es el miedo a hacer lo mismo durante mucho tiempo; quizás es miedo al fracaso; quizás inseguridad. Lo cierto es que no puedo concluir algo, no puedo ponerle un fin a nada. Acá comienza la historia de mi vida, de la que empiezo a hablar hoy, pero que empezó hace muchos años atrás. La historia que nunca terminó.O nunca empezó. Miedo, parálisis, llanto, la sensación de abandonarlo todo, urgentes ganas de cambiar el curso de los días, el pasado y el presente. Hace 5 años, 8 meses y 13 días lo conocí. Hace 5 años y 2 meses no lo veo. Y ahí me quedé para siempre.  

Sé que necesito dejarlo ir, pero para eso primero debo olvidar. Sí, creo que medianamente borré la forma en que se reía, pero no logro olvidar la forma en que me hacía sentir.